En los años 1920´s en Francia, varios artistas surrealistas inventaron un juego al que llamaron cadáver exquisito, en el cual varios individuos dibujan o escriben en un papel, al azar y tomando turnos, sin ver lo que los demás hacían.
El resultado es una obra de inmenso valor surreal.
Cien años después sigo jugando ese juego pero a mi manera, mis compañeros de juego son mis personalidades internas y sus herramientas son mis líneas de investigación y expresión artística. De allí nace un imaginario común para todas mis personalidades interiores.
Sí el Arte puede capturar algo que ninguna otra rama del conocimiento puede es porque cada artista examina su propia parte subjetiva del mundo, cada una única en sí, esa parte del Ser que esa la vez tan similar entre todos como es diferente cada persona. Representan una fracción de los procesos de nuestra Inconsciencia Colectiva, procesos intrínsecos en nuestra cotidianidad.
Pareciera que para poder notar la hermosura de nuestros derredores tenemos que ignorar o superar aquello que se asemeja a la indiferencia, algo que se esconde pero que siempre esta allí, para poder así lograr encontrar nuestra verdadera humanidad.
Retratos Cínicos Clínicos
Estas obras surgen de una necesidad primordial por expresarme, por ello no tienen una línea investigativa ni narrativa que explicar.
Estos son básicamente mi monólogo personal expresado sin ningún filtro, una especie de terapia o un lenguaje inestable que mantiene siempre resiliente mi vinculación e interés por las expresiones artísticas de todo tipo.
Los retratos cínicos clínicos representan un bien en sí mismo, un espacio en el cual los resultados no son tan importantes como el proceso de expresión casi terapéutico de crear sin propósito.